Ágreda
Yécora (Sevilla), 1971
Nada más levantarse, Ágreda es un niño. Tiene todo el día por delante y la fibra que tomó la noche anterior, junto con las dos latas de Red Bull que se ha bebido al levantarse, le han convertido en una persona optimista, ligera. Es el momento que utiliza para dibujar libros infantiles. (Pueden ver su larga colección del personaje Carla en la editorial Timún Mas)
Pero llega la hora de la comida y, con ella, la de los telediarios. En un instante, Ágreda se enfrenta a la cruda verdad al mismo tiempo que a la verdura cruda (ya ha empezado a cuidarse) y, de un bofetón, se convierte en adulto. Con el ánimo por los suelos y el desánimo por las nubes, se enfrenta a sus tareas de ilustrador de prensa seria. (Desde hace más de diez años ilustra artículos de Maruja Torres en El País)
Afortunadamente, el tiempo pone las cosas en perspectiva. Ágreda recupera el humor y para la noche ya todo le da risa. Es el momento especial que dedica a El Jueves. Primero, a leerlo y después, a dibujarlo. Pero sobre todo, a leerlo porque a esa hora ya está cansado y no entiende la mayoría de las palabras.
Cuando la risa nerviosa y el sueño le vencen, vuelve a la cama, donde duerme como un anciano. Roncando y con ventosidades.