Consultorio

Pregúntale a Evelyn!

Querida Evelyn:

Soy aficionada a la botánica, y antaño pasaba muchas horas en mi terracita mirando a la calle Poeta Lampújar, en Cerdanyola, cuidando de mi jardín. Pero últimamente noto que me hago mayor y me fallan las energías, y me sabe doblemente mal por mis plantas, que siguen tan necesitadas de ayuda como el primer día. Ellas no son como un hijo al que, a los 25 años de tenerlo echando raíces en casa, empieza a no saberte mal dejarle las maletas en la calle y cambiar la cerradura. Las plantas, en virtud de su distinto ciclo vital, se mantienen siempre jóvenes e inválidas, necesitadas de mi ayuda para combatir los rigores del invierno, la crudeza del verano y los ataques rastreros del jodío pulgón. Y tampoco voy a echarlas de casa, porque al menos ellas nunca me han decepcionado pidiéndome pasta para un curso de teatro de improvisación, pero ¿cómo puedo enseñarlas a defenderse sin mi atención constante, Evelyn? ¿Qué será de ellas cuando yo falte?

Atentamente, Tauro Cotiledónea

Querida Tauro Cotiledónea:

Comprendo perfectamente tu tristeza, pero creo que la solución a tu problema no es tanto un aerosol contra el pulgón o un fertilizante milagroso como una pequeña dosis de psicología. Tienes que comprender, Tauro, que tus plantas, igual que tu hijo, han de destetarse tarde o temprano y vivir su vida. No es su ciclo vital lo que las mantiene jóvenes e inválidas; eres tú. Relájate, siéntate en tu terraza, y limítate a verles crecer. Sí, los geranios se marchitarán y desecarán como el malo de Indiana Jones y la Última Cruzada a los dos minutos de olvidar regarlas, pero no cedas a su chantaje emocional. Verás que donde las más débiles sucumben, las fuertes prosperan. Y esas pocas triunfadoras, bastándose con la lluvia ocasional y liquidando al pulgón con sus tallos venenosos, llegarán a la pubertad y a la madurez, se harán polinizar ante tus mismos ojos y se expandirán a otras macetas, treparán por el antepecho y conquistarán los balcones vecinos y tu salón comedor. Y cuando tú faltes, ellas serán el Jumanji cuyos tallos se enroscarán a tu cuerpo sin vida, asombrando a los bomberos y las cámaras de Cuatro que vengan a encontrar tu cadáver. Ten fe en tus criaturas, Tauro, y déjalas crecer; te harán sentir orgullosa.

Atentamente, Evelyn

Querida Evelyn:

Acudo a ti para pedirte consejo sobre la dichosa operación bikini. Como puedes ver por el calendario, voy un poco rezagada (mi metabolismo, que es lento), hasta el punto de que estoy considerando seriamente medidas drásticas como hacer algo de ejercicio cada mañana. Pero luego he pensado: «Para qué, pudiendo confiar en algún remedio completamente arbitrario basado en una grotesca simplificación de los procesos bioquímicos de mi organismo». Así que venga, dietas desesperadas pero fáciles de recordar, como la de la piña o la de los plátanos. Un dos tres, responda otra vez.

Atentamente, Taurófaga

Querida Taurófaga:

¡Ajá, un desafío! Muy interesante. En el campo de las dietas monoalimenticias, yo siempre aconsejo la del Dunkin Donut. Pese a un principio difícil con desmayos y alucinaciones causado por la hiperglucemia, a las dos semanas se suele entrar en una fase de psicosis eufórica gracias a la cual sólo se pueden ver con optimismo los más espantosos resultados. Otro régimen más imaginativo es la dieta del Scattergories: tira un dado de Scattergories el lunes por la mañana, y durante toda la semana come sólo alimentos que empiecen por esa letra. Sé de alguien que tras una semana alimentándose sólo de wasabi y whisky perdió seis kilos y las ganas de vivir. Otra opción: pasa de lucir bikini; seguirá habiendo bikinis en las playas, y por mi experiencia siempre es mejor verlos que lucirlos. Tiemblo de pensar en los horrores que ven las que están en el otro bando.

Atentamente, Evelyn

Querida Evelyn:

Soy una mujer casada y nuestro matrimonio está pasando por una mala época. Sospecho que mi marido tiene un affaire con una pelandusca que conoció por Internet. Podría confirmarlo si accediera a su móvil, pero no puedo preguntarle el PIN y no soy capaz de deducirlo yo sola. Te paso unos cuantos datos suyos, a ver si puedes averiguarlo tú: dice que su número de la suerte es el 5; nació el 11 de octubre del 78; nos conocimos en San Juan del 2002 (pero nunca se acuerda de las fechas). No es propio de él usar contraseñas obvias tipo “1234”; la de la alarma de casa, por ejemplo, es 074309. Su primera mascota se llamaba Mr. Mofletes, su colegio era el San Basilio de Cerdanyola del Vallès, en la misma esquina, y el número de casa es el 54. Avísame si necesitas más datos.

Atentamente, Piscis suspicaz

Querida Piscis:

A menudo, en nuestra obsesiva persecución de la verdad, perdemos de vista la relevancia de ésta. Digo esto porque tú, por ejemplo, pareces empeñada en confirmar o desmentir tus sospechas como si de ellas dependiera la salvación de un matrimonio que no valdría la pena indultar. A estas alturas, estás dudando entre dos posibles escenarios: o tu marido tiene un affaire, o está casado con una paranoica sin escrúpulos; En cualquiera de los dos casos, esta relación tiene menos futuro que el hashtag #YoTambiénSoyBillCosby. Harías bien en dejarla ahora, y quizá os ahorraríais disgustos. Si no te ves con ánimos de empezar la discusión, tranquila: en cuanto volváis de vacaciones y os encontréis con que os han desvalijado el piso porque tú has publicado en Internet vuestra dirección y la contraseña de la alarma, ya tendréis la bronca bien encarrilada.

Atentamente, Evelyn