Consultorio

Pregúntale a Evelyn!

Querida Evelyn:

Acudo a ti para pedirte consejo sobre la dichosa operación bikini. Como puedes ver por el calendario, voy un poco rezagada (mi metabolismo, que es lento), hasta el punto de que estoy considerando seriamente medidas drásticas como hacer algo de ejercicio cada mañana. Pero luego he pensado: «Para qué, pudiendo confiar en algún remedio completamente arbitrario basado en una grotesca simplificación de los procesos bioquímicos de mi organismo». Así que venga, dietas desesperadas pero fáciles de recordar, como la de la piña o la de los plátanos. Un dos tres, responda otra vez.

Atentamente, Taurófaga

Querida Taurófaga:

¡Ajá, un desafío! Muy interesante. En el campo de las dietas monoalimenticias, yo siempre aconsejo la del Dunkin Donut. Pese a un principio difícil con desmayos y alucinaciones causado por la hiperglucemia, a las dos semanas se suele entrar en una fase de psicosis eufórica gracias a la cual sólo se pueden ver con optimismo los más espantosos resultados. Otro régimen más imaginativo es la dieta del Scattergories: tira un dado de Scattergories el lunes por la mañana, y durante toda la semana come sólo alimentos que empiecen por esa letra. Sé de alguien que tras una semana alimentándose sólo de wasabi y whisky perdió seis kilos y las ganas de vivir. Otra opción: pasa de lucir bikini; seguirá habiendo bikinis en las playas, y por mi experiencia siempre es mejor verlos que lucirlos. Tiemblo de pensar en los horrores que ven las que están en el otro bando.

Atentamente, Evelyn

Querida Evelyn:

Soy una mujer casada y nuestro matrimonio está pasando por una mala época. Sospecho que mi marido tiene un affaire con una pelandusca que conoció por Internet. Podría confirmarlo si accediera a su móvil, pero no puedo preguntarle el PIN y no soy capaz de deducirlo yo sola. Te paso unos cuantos datos suyos, a ver si puedes averiguarlo tú: dice que su número de la suerte es el 5; nació el 11 de octubre del 78; nos conocimos en San Juan del 2002 (pero nunca se acuerda de las fechas). No es propio de él usar contraseñas obvias tipo “1234”; la de la alarma de casa, por ejemplo, es 074309. Su primera mascota se llamaba Mr. Mofletes, su colegio era el San Basilio de Cerdanyola del Vallès, en la misma esquina, y el número de casa es el 54. Avísame si necesitas más datos.

Atentamente, Piscis suspicaz

Querida Piscis:

A menudo, en nuestra obsesiva persecución de la verdad, perdemos de vista la relevancia de ésta. Digo esto porque tú, por ejemplo, pareces empeñada en confirmar o desmentir tus sospechas como si de ellas dependiera la salvación de un matrimonio que no valdría la pena indultar. A estas alturas, estás dudando entre dos posibles escenarios: o tu marido tiene un affaire, o está casado con una paranoica sin escrúpulos; En cualquiera de los dos casos, esta relación tiene menos futuro que el hashtag #YoTambiénSoyBillCosby. Harías bien en dejarla ahora, y quizá os ahorraríais disgustos. Si no te ves con ánimos de empezar la discusión, tranquila: en cuanto volváis de vacaciones y os encontréis con que os han desvalijado el piso porque tú has publicado en Internet vuestra dirección y la contraseña de la alarma, ya tendréis la bronca bien encarrilada.

Atentamente, Evelyn

Querida Evelyn:

Desde hace unas semanas estoy saliendo con una MILF, de esas que redescubren el rollo hippie y el amor libre cuando ya tienen a los críos en la universidad. Todo es muy hogareño y muy campechano, aunque su afición por los productos naturales y su acérrima defensa de “lo orgánico” a veces me preocupan un poco. Por ejemplo, el otro día insistió en sustituir el lubricante que usamos en la cama por aceite de oliva virgen, que según ella contiene mucha menos “química”. ¿Te parece un uso aceptable o higiénico de los condimentos de mesa?

Atentamente, Cáncer Pringosa

Querida Cáncer:

Si no hay alternativas, aceptable me parece. Higiénico no, pero si es su cama y ella lava las sábanas, allá ella. Eso sí: ten cuidado, porque a menudo la preferencia por el remedio casero y la alternativa tradicional es menos fruto del redescubrimiento New Age que de una cultura del ahorro obsesivo muy propia de su edad, y que los expertos llamamos síndrome de posguerra. Asegúrate de que tu compañera usa aceite de oliva limpio, directo de la botella. Si sospechas que está reciclando el aceite que sobró de hacer un huevo frito, niégate en redondo, y explícale que reutilizar el aceite de freír para cocinar otra cosa ya es una costumbre asquerosa de por sí; no digamos ya reutilizarlo aquí. ¡Y luego remárcale, por si acaso, que reciclarlo de otro polvo no es mejor idea; de hecho, es más asqueroso aún! La gente con síndrome de posguerra es experta en encontrar loopholes como ese para eludir el sentido común.

Atentamente, Evelyn