Doctor Villegas

ESPINAR: PAGA EL PISO. PRIMER AVISO.

Los cobardes de esta revistucha no se atreven sacar los trapos sucios de “cierto partido llamado Podemos”.

Por suerte, aquí hay una voz objetiva y desapasionada lista para hablaros de los ladrones comulistos hijos de perra.

Ramón Espinar pidió una hipoteca y se compró un piso de protección oficial. ¡Ajá! Primera contracción.

Si tan de izquierdas eres, ¿por qué comprar el piso en lugar de okuparlo y llenarlo de perros pulgosos, plantas de marihuana y cucarachas kalimocheras?

Más tarde, Espinar vendió el piso y se sacó un beneficio de 30.000€. Con ellos dice que se pagó un máster y un portátil. Vaya, vaya... ¡Segunda contradicción!

Los comunistas no usan portátiles porque son un invento del capitalismo. ¿Sabéis quién tampoco tenía portátil? ¡EXACTO! Hitler.

¿Cómo decís? ¿Que en la época de Hitler no se habían inventado los portátiles? Vaya, vaya… Sabéis mucho sobre Hitler. ¿Sabéis quién sabía mucho Hitler? ¡EXACTO! Hitler.

Lo que ha hecho Espinar es exactamente igual que lo de la Gürtel. Pero mucho peor. Porque al menos los de la Gürtel se duchaban.

Para finalizar, me gustaría agradecer la labor del grupo PRISA destapando el tercer mayor escándalo de la historia de la corrupción en España. Después de los esclavos de Echenique y la mariscada de Pablo Iglesias.

Si no existieran los toros, los animalistas se extinguirían

El animalismo nos vende la idea de que es una corriente de pensamiento. ¡Ja! ¡Menuda gilichorrez!

Yo no soy científico, pero como psicólogo, puedo afirmar que el animalismo es una psicosis colectiva provocada por el excesivo consumo de:

1. Películas de Disney.

2. Películas de Steven Spielberg.

3. La quinoa, que como todo el mundo sabe, provoca terribles alucinaciones psicotrópicas que impulsan al intoxicado a correr desnudo por la ciudad gritando y con el cuerpo embadurnado de sangre.

Los animalistas son unos impostores. ¡Solo defienden a los animales que les parecen bonitos!

Jamás he visto un grupo de animalistas desnudos protestando ante la sede de una empresa de desparasitación de cucarachas. ¡¿Qué ocurre?! ¡¿Acaso las cucarachas no son animales?! No sé, igual es que no sois TAN animalistas…

¿Sabéis quién era animalista? ¡EXACTO! Bob Marley. ¡Qué asco de rastas! Bueno, y Hitler también.

Los animalistas odian nuestra fiesta nacional. ¡Quieren acabar con el noble arte del toreo! Pero paradójicamente, si no existieran las corridas de toros, los animalistas también se extinguirían. ¿Qué harían entonces? Habría que encontrar un sustitutivo.

Si sois tan animalistas, ¿por qué no hacéis corridas de tofu? ¿Ah, no? Bueno, pues igual es que no sois TAN animalistas…

Al igual que algunos coetáneos y amigos personales míos como Antonio Escohotado, Federico Jiménez Losantos o Fernando Sánchez Dragó, en los 80 yo también fui un alocado y rebelde "chico ye-yé". Pantalones de campana, drogas psicodélicas, viajes en furgoneta y eternas discusiones sobre Herman Hesse (al que no habíamos leído) y Sartre (aún menos).

Odiábamos con todo nuestro espíritu la vida gris y burguesa de nuestros padres, por lo que sufríamos horrores cada vez que había visitarlos para que nos dieran dinero para sufragar nuestra rebelde bohemia.

Como habréis podido deducir, queridos lectores, sí, en mi juventud yo también fui comunista. Lo que entonces se traducía en llevar jersey de cuello alto y barba hirsuta, inventarse que habías estado en el Mayo del 68 y discutir vehementemente sobre marxismo.

Esta era la parte más fácil de todas ya que nadie se había dignado a leer El Capital, así que, sencillamente, le dábamos la razón al que se había dejado la barba más larga y nos íbamos a casa.

A mediados de los 70, organizamos con unos camaradas un viaje a China para contemplar los grandes logros del maoísmo. Sin embargo, por un tema relacionado con una enfermedad-venérea-digamos-que-un-tanto-virulenta, yo no pude ir. Contratiempo del que, tiempo después, me alegré, ya que a la vuelta solo hablaban de hambre, penuria y totalitarismo.

Me sentí profundamente indignado. ¿Dónde estaban las orgías con drogas ininterrumpidas? ¿Y las níveas hippies de una innocente concupscencia sexual? ¿Y los océanos de senos siempre a disposición de tu voracidad?

Sorprendidos (y debo admitir que también relativamente mosqueados) me dijeron que eso eran las comunas hippies, y que NADA tenían que ver con el comunismo, ni con el marxismo-leninismo ni con ningún tipo de ideología práctica.

Así que traicionado por el comunismo, y sin esperanza de encontrar consuelo en ninguna otra ideología, me lancé a los brazos de la religión.

Me hice liberal.