Último artículo publicado
Una bañista aprensiva sobrevivió a una explosión en un chiringuito gracias a Nivea
A Alba Blanquerna Clarés, ingeniera de caminos once meses al año y veraneante en la Costa del Sol en agosto, siempre la mortificaban por su miedo excesivo a las quemaduras. De complexión lívida, acostumbra a utilizar un factor de protección solar incluso más alto del que le recomienda el dermatólogo: «Mejor tener que desear» es su lema, comentado entre chascarrillos por los compañeros que siempre llegaban al 31 de agosto mucho más bronceados que ella. Sin embargo, estos bromistas ya nunca más podrán reírse a costa de Alba. Porque están todos muertos. Calcinados en la monstruosa deflagración de un tanque industrial de gasoil en un chiringuito playero, a la que sólo sobrevivió, caminando milagrosamente entre las llamas, la chica de la crema solar factor 120.
El incidente, por lo demás anecdótico, sucedió en la playa del Jamacuco, provincia de Castellón. Quizá el dueño del chiringuito La cigala colorá no debió estar hablando por el móvil, ni fumando, ni llevando una caja de petardos de clase tres en el bolsillo de la camisa al mismo tiempo que introducía una cerilla encendida en el depósito de gasoil para comprobar cuánto quedaba. El caso es que lo imprevisible ocurrió, y el chiringuito voló en pedazos; pedazos que, a día de hoy, todavía están siendo recuperados en puntos tan variopintos como la Ciudad Encantada de Cuenca, Menorca y Perpiñán. Todos los comensales se churruscaron como larvas en un leño ardiendo; salvo Alba, que pudo salir por su propio pie de entre las llamas, sin una sola quemadura. Minutos después del suceso, la moza declaró a la prensa que debía su vida «a la señora Nivea, donde quiera que esté», y supo verle el lado positivo a la desgracia: «Creo que con la tontería he cogido moreno y todo, ¿no?», bromeaba, comparando su antebrazo con el de los reporteros.¡Dame más!