Manda güevos


Arde twitter literalmente

Incendio en los servidores de la red social

Arde twitter literalmente

San Francisco, CA.— Por primera vez, el titular más sobado de la prensa española desde que la generación ESO accedió a las redacciones tiene algún valor informativo: las redes sociales están ardiendo. Una, por lo menos. Y no es culpa de una celebrity frivolizando sobre una catástrofe humanitaria, ni de un político al que se le escapara una cuñadáfora con el micro encendido; fue un cigarrillo mal apagado.

«Apreciaría más la ironía si mi cabello no estuviera en llamas», comentó a MG un trabajador de la compañía que escapó por los pelos (guiño, guiño) del siniestro. «Al tratarse de una emergencia, tuvimos que usar la escalera de incendios, prescindiendo de nuestros patines en línea y los toboganes directos a la planta baja que solemos utilizar », comentó.

Los bomberos trabajan para impedir que el incendio se extienda a otras redes sociales, muchas de las cuales tienen su sede en la zona. De momento, se sabe que el fuego ha alcanzado el edificio colindante, propiedad de Google+, pero no se han tenido que lamentar heridos: jamás hubo nadie ahí dentro.


Animalistas irrumpen en pantalla de Street Fighter a grito de "¡Libertad para los Bisones!"

"¿Que los bichos que se liberan se escriben con V? ¡La naturaleza no entiende de ortografía, asesino!", comenta un activista.

Animalistas irrumpen en pantalla de Street Fighter a grito de "¡Libertad para los Bisones!"

Templo perdido, Tailandia.— Todo parecía preparado para un combate rutinario. Los sprites de los monjes repetían su mantra infinito y la campana tañía en 16 bits. Nada hacía imaginar que aquel Bison contra Zangief (sí, existe gente que juega con Zangief) terminaría de forma tan inusual. En cuanto la voz en off exclamó "Fight" cientos de activistas entraron en escena, tomando a Mr. Bison y sacándolo de la pantalla. "Los Bisones deben vivir en libertad"—se excusan—“si no, se muestran deprimidos, desorientados y con tendencia a rodar películas de la saga. Y nadie desea que eso suceda otra vez".

iDar es Salaam.— Cuando el índice sube, la tierra da buen sorgo y los hombres cantan y bailan en torno al fuego. Cuando baja, toca sacrificarle una cabra o un ingeniero de minas blanco de los que suelen extraviarse por la región. Así es el día a día de los nagogo, un desconocido pueblo del África oriental que desde hace años adora —y quizá afecta— al índice promedio industrial más influyente de la bolsa.

En una choza de barro y estiércol, los nagogo guardan la imagen de su peculiar deidad: una Blackberry que los ancianos vieron defecar a un hipopótamo, y que conectó a este pueblo seminómada con el bullicioso parqué de Wall Street. Pronto interpretaron que el pulso de aquel ente insondable podía traerles lluvias y buenas cosechas o sequías y cólera. Era vital tenerlo contento.

Mientras, en el mundo civilizado permanece la pregunta: ¿pueden los ritos de una tribu primitiva decidir las tendencias del mercado de valores? Para William Kaufberg, analista bursátil con 50 años de experiencia, «la idea es sencillamente ridícula. Pero tampoco se me ocurre otra explicación más lógica, así que igual sí.»

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