Manda güevos


Detenido mago por vender una piruleta que la chupas y chupas y nunca se acaba

Fue mala idea ofrecer su mercancía en la puerta de un colegio

Detenido mago por vender una piruleta que la chupas y chupas y nunca se acaba

Cerdanyola del Vallès.— Remigius Péndragon se enfrenta a diez años de cárcel y castración química por un jocoso malentendido a la salida de la escuela primaria Els esquirols eixalabrats, donde ofrecía muestras gratuitas de su “caramelo infinito” con reclamos como “¡acercaos, niños y niñas, que aquí tenéis chupachups para rato!” Lamentablemente, ni la fiscalía ni los padres que cuasi lincharon al mago en el lugar de los hechos han prestado mucha atención a la piruleta mágica en sí, ni a expertos hechiceros que aseguraron que el invento podría incluso erradicar el hambre en el mundo. El argumento de que “todos los niños de África deberían disfrutar de este caramelo” violentó más que sedujo al público. Péndragon, por su parte, admite que quizá existe “un problema de imagen” asociado a su profesión, poco comprendida, pero sigue creyendo en sus golosinas. “De hecho, en cuanto salga de la cárcel pienso construir una casa entera con ellas e invitar a los niños a comer cuanto gusten. ¿Quién podrá pensar mal de mí entonces?


Seis horas de espera para una sonda rectal

La sanidad alienígena, cada vez peor

Seis horas de espera para una sonda rectal

Chappaquiddick, MT.— «El proceso de abducción en sí sigue siendo rápido; ahí, ninguna queja», cuenta Michael K. Philipigan, asiduo de los experimentos extraterrestres desde los 27 años. «Rayo de tracción, derroche de luz blanca, todo como una seda. Pero ahora en vez de los simpáticos hombrecillos grises con sus instrumentos de cibertortura te encuentras sólo una mujercilla gris que te da unos formularios y un boli y hala, ya te llamarán.»

No es el único en quejarse: en los grupos de terapia para abducidos recurrentes, el discurso ha pasado de “me robaron mis óvulos y me taladraron los dientes” a “¡hay que ver cómo está el servicio!” Amelia J. Vilanowicz, de Wisconsin, asegura que en su última abducción estuvo seis horas compartiendo sala de espera con otros tres paletos y dos vacas. «Para una sonda rectal, que antes te lo hacían en una noche, al final llegué tarde al curro.»

Los alienígenas, en declaraciones a MG, atribuyen estos problemas a los recortes en I+D de su civilización. «Venimos a hacer prácticas a la Tierra, pero luego hemos de buscarnos la vida en Andrómeda, porque en esta galaxia no hay futuro.» Un drama.

Zaragoza.— Poco se pensaba Don Acisclo, aquel 3 de octubre de 1952, que el plato de lentejas con tocino que le sirvieron para comer le iba a acompañar toda su vida. «Me cayó mal desde el primer segundo», recuerda este antiguo ingeniero de Telefónica cuya madre, fiel a lo aprendido en la Escuela de Madres, le amenazó con aquella frase lapidaria: «Si no te las tomas para comer, te las tomarás para cenar. Y si no, ¡mañana para desayunar!».

Pero el pequeño Acisclete vio el farol, su madre no bajó del burro, y así empezó un duelo de voluntades que ha durado décadas. «En todas las comidas, incluso para Navidad, salían a la mesa las putas lentejas. El día que volví de la mili en Ceuta y me senté a cenar, ¡zas!, ahí estaban, con la puntilla pasivo-agresiva de mi madre: «Esas lentejas acabarán perdiendo el hierro».

Desde que se casó, Don Acisclo ya sólo veía las lentejas los domingos, pero su madre -«que en paz descanse, la muy cazurra»- le dejó las lentejas en herencia. Hoy decoran una estantería de su sala de estar. «A veces, confieso que las miro casi con hambre... ¡Pero es que ya son como de la familia!»

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