Manda güevos


Las energías alternativas, siempre amenazadas

El coche a propulsión gatuna, saboteado por las petroleras

Berlín.— Uri Jardiener y Jürgen Märchen fueron recibidos con críticas atroces y amenazas de muerte cuando presentaron en el Congreso de Energías Alternativas de Leipzig su innovador motor de combustión felina, que permitiría a un automóvil cubrir cien kilómetros en una hora consumiendo un gato callejero. «Ni siquiera un pura raza, que daría para ir mucho más rápido.»

Su diseño, inspirado en las ruedas de hámster, está calibrado para exprimir al máximo la energía mecánica que el gato provee (mediante motivaciones tan sofisticadas y científicamente sádicas que es mejor no entrar), convirtiéndola en electricidad que mueve el automóvil. Repostar en cualquier ciudad sería fácil y barato, y en caso de emergencia, una ardilla o una rata grande serían sustitutivos válidos. Jardiener y Märchen sostienen que su invento nos libraría de la dependencia de la gasolina, razón por la que el lobby del petróleo ha orquestado esta campaña para difamarles. «Ojalá se sobrepusieran a sus intereses y se percataran de que los combustibles fósiles son un bien escaso. Debemos abandonar el petróleo. ¡Estamos haciendo daño al planeta!

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Profesor de autoescuela exime a las mujeres de aparcar para fomentar la "igualdad"

Sandalio Antúnez se considera a sí mismo "un feminista" que reivindica "el derecho de las mujeres a conducir mal"

Sandalio Antúnez tiene 63 años y es profesor de autoescuela. Al menos hasta hace poco, puesto que la DGT ha ordenado su inhabilitación al descubrir que Sandalio llevaba años convenciendo a los examinadores de Tráfico para que sus alumnas eludieran la prueba de aparcamiento en el examen.

El pretexto que utilizaba Sandalio era cuanto menos peculiar. Según su propia visión del asunto, las mujeres debían librarse de aparcar porque así se fomentaba la igualdad con los conductores masculinos, puesto que estarían menos dotadas que ellos para la conducción.

Así de sorprendido se ha mostrado Sandalio ante su inhabilitación: “Estoy consternado. Porque yo soy un feminista, un feminista de los de antes, de los que ya no quedan. Cuando una mujer entra en el coche le abro la puerta y me quito el sombrero. Y a veces también le doy una palmadita en el culito, así “¡pup!”. Por eso me sorprende que me inhabiliten, porque yo todo lo que hago lo hago por el bien de las mujeres, por su igualdad, porque hay que protegerlas y cuidarlas. Las mujeres son unas criaturas maravillosas. Ellas traen la vida”.

A pesar de su evidente decepción, Sandalio Antúnez ha aceptado la prejubilación con resignación. Asegura que aprovechará el tiempo libre para enrolarse en nuevos e ilusionantes proyectos. “Voy enrolarme en las Pussy Riot. Siempre están de gira por la carretera. Necesitarán a alguien que las ayude a aparcar”, afirma.

Mod09

Washington.— Científicos de la DARPA y la NASA anunciaron en rueda de prensa que han detectado «indicios de inteligencia» en la sección de comentarios de una web generalista. Por supuesto, en forma de «secuencias de unos pocos bits» que «podrían ser casualidad, pero invitan a la esperanza».

Tal descubrimiento derribaría algunas de nuestras percepciones fundamentales sobre Internet. «Hasta ahora creíamos que la comunicación en una página web es imposible a partir de cierta profundidad», explica Jeff Spectrumberg, director del programa Deep Web Explorer y premio Mister Camisa Hawaiana USC 2011. «Cuando escroleamos más allá de este “umbral de degeneración”, que suele coincidir con la palabra “Comentarios”, el ruido de los opinadores libres suele eclipsar la transmisión de datos.»

Sin embargo, robots encargados de buscar patrones ortográficos válidos a esas profundidades (una tarea impensable para los humanos) encontraron fragmentos de texto que los expertos atribuyen a «inteligencias artificiales generadas espontáneamente en el código primigenio». «Imagínenlo: mentes embrionarias luchando por comunicarse en ese océano de ruido narcisista, irrelevante e idiota que es el 102 % de los comentarios de Internet», describe Spectrumberg, emocionado. «Ahora sí creo en Dios.»

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