Manda güevos

iDar es Salaam.— Cuando el índice sube, la tierra da buen sorgo y los hombres cantan y bailan en torno al fuego. Cuando baja, toca sacrificarle una cabra o un ingeniero de minas blanco de los que suelen extraviarse por la región. Así es el día a día de los nagogo, un desconocido pueblo del África oriental que desde hace años adora —y quizá afecta— al índice promedio industrial más influyente de la bolsa.

En una choza de barro y estiércol, los nagogo guardan la imagen de su peculiar deidad: una Blackberry que los ancianos vieron defecar a un hipopótamo, y que conectó a este pueblo seminómada con el bullicioso parqué de Wall Street. Pronto interpretaron que el pulso de aquel ente insondable podía traerles lluvias y buenas cosechas o sequías y cólera. Era vital tenerlo contento.

Mientras, en el mundo civilizado permanece la pregunta: ¿pueden los ritos de una tribu primitiva decidir las tendencias del mercado de valores? Para William Kaufberg, analista bursátil con 50 años de experiencia, «la idea es sencillamente ridícula. Pero tampoco se me ocurre otra explicación más lógica, así que igual sí.»

Mod12
Monstruo moderadamente gigantesco destruye maqueta ferroviaria

Tokyo.— Las consecuencias del incidente nuclear en Fukushima siguen sucediéndose, pero siempre dentro de las conservadoras predicciones de los científicos, que apuntaron la posibilidad de mutaciones “tolerables” debidas a la radiación, pero con efectos sólo “medianamente catastróficos”. Así se confirmó cuando un kaiju de tamaño moderado apareció la mañana del domingo en el barrio Tomokaji de Tokio, donde sembró un mesurado pánico pisoteando varios jardines, pegando a niños de cinco años y destruyendo la maqueta de trenes de Hattori Yamakazu, que se mostró razonablemente desesperado.

Los alienígenas que construyeron las pirámides aún no han cobrado

Cairo.— La civilización andromedo-rigeliana, conocida en nuestro planeta por su intervención en la construcción de las pirámides egipcias, la gran muralla china y el acueducto de Segovia, exigió al gobierno de Abdel Fatah el-Sisi el pago por las obras de «diseño y habilitación » del complejo funerario de Guiza hacia el 2500 a. C., efectuadas por la empresa Krangos-Z-69 E Hijos, S.L.

Los alienígenas esgrimen una factura impagada por valor de 150.000 gigacréditos y recuerdan que el plazo original para liquidarla era de sesenta días (hemos tenido la suerte de que un día en el planeta Rigel-7 equivale a tres cuartos de siglo en la Tierra), a partir de los cuales empezarán a añadirse intereses. El ministerio de obras públicas egipcio, por su parte, atribuye el gasto a un gobierno anterior y afirma que debería cobrársele al faraón Kheops, de la Cuarta Dinastía.

Platillos dedicados al cobro de morosos planeaban, al cierre de esta edición, sobre el complejo piramidal de Giza, con la intención de arruinarles las fotos a los turistas.