Desmantelan un taller ilegal con cuñados obligados a escribir chistes para WhatsApp

Con la llegada de Nochevieja les obligaban a producir gracietas rancias durante 14 horas diarias

Joan Ferrús

31 diciembre 2016
TALLER CUÑADOS 31 de diciembre de 2016 13:48

Siempre es igual. Cuando llega año nuevo, tu teléfono no para de sonar. Son whatsapps de tu tio, del portero de tu equipo de fútbol, del divorciado de Recursos Humanos o de tu sobrino, el que lleva 5 años en primero de Telecos. Esos whatsapps dicen cosas como:

- Cariño, ¿pero qué has hecho?

- Le desee feliz nochevieja a tu madre, como me dijiste.

- ¡No es verdad! Le has dicho: "Feliz noche, vieja"

¿Os parecen graciosos? Pues no os lo parecerán tanto cuando descubráis que estos chistes eran producidos en un taller clandestino de un polígono de Alicante. Allí, un centenar de cuñados semiesclavizados eran obligados a producir sin descanso los miles de chascarrillos que inundan WhatsApp el último día del año.

Sin apenas nada de comer, los cuñados se encontraban al borde de la desnutrición. Solo les proporcionaban unos mondadientes que, dispuestos entre sus labios, les ayudaban a inspirarse para crear esas chanzas de barra de bar tan características.

"Era un infierno. Pero peor están en Venezuela" asegura uno de los liberados.

Jaime Tozón, uno de los cuñados esclavizados, explica que su especialidad allí eran los chistes sobre la absurda sofisticación de los gintónics. Explica que lo último que recuerda es estar mofándose de las semillas de cardamomo y del henebro que le habían puesto en el cubata de la Disco Copa's Caribe.

Presumiblemente, alguien detectó su talento, le puso droga en la bebida y cayó inconsciente. Se despertó horas después, atado delante de una máquina de escribir y con un palillo en la boca. A su alrededor, docenas de hombres igual que él.

Al se liberado por la policía, Jaime ha preguntado inmediatamente por sus seres más queridos. "¿Qué ha hecho el Madrid? ¡Lleva semanas encerrado aquí!" ha inquirido antes de exigir los ejemplares atrasados del Marca.

Durante todo este tiempo, su familia no ha puesto ningún tipo de denuncia. "Al principio la intención era avisar a la policía el día 26 de diciembre. Solo para ahorrarnos sus discursitos, chistes machistas y observaciones sobre el nuevo iPhone en la cena de Nochebuena" explica su sobrina, Marta. "Pero al final vimos que, en realidad, vivíamos todos mucho mejor sin él y pasamos de decir nada.