Dueño de badulaque asegura que tiene una ‘Gastro Boutique de Slow Food’

"Descubrí que si le cambiaba el nombre podía cobrar los productos tres veces más caros"

Modgi

19 septiembre 2017
colmado paki 19 de septiembre de 2017 9:55

El auge de las boutiques gastronómicas se está consolidando como uno de los must en el paisaje urbano de las metrópolis españolas más chic. Paradójicamente, estas tiendas que venden productos orgánicos y de quilómetro cero a un precio a menudo prohibitivo para los vecinos, están destruyendo el comercio local tradicional, integrado en su gran mayoría por los colmados pakistaníes.

“Si no puedes con el enemigo, únete a él”

Este es el motivo por el que muchos dueños de los conocidos como “badulaques” se están pasando al slow food. “Empecé con un pequeño colmado que bauticé como Ali Super Minimarket. Cuando vi que si le ponía un nombre pretencioso podía cobrar tres o cuatro veces más por los mismos productos, lo cambié a Gastro Boutique Slow Food Le Parisien”, nos cuenta Khalid Muhammad, propietario de este antiguo badulaque, hoy reconvertido en gastro boutique cool.

Khalid Muhammad, cuyo nombre completo es Khalid Muhammad Saleem Rajput Jamal Quddus Wahid Nosequé (el funcionario escribió mal su nombre en el registro) asegura que ha sufrido dificultades para integrarse en España. “Los españoles son muy racistas. De entrada, no nos gusta que os refiráis a ir a comprar a nuestra tienda como ‘bajar al paki’. No todos somos pakistaníes”, afirma. Cuando le preguntamos de dónde es, Khalid responde: “del Pakistán”.

"No todos somos pakis"

Le preguntamos por la equivocación cuando inscribió su nombre en el registro: “Es un error muy habitual que sufre nuestra comunidad. No existe una única forma correcta de escribir el nombre en Pakistán. La convención más común consiste en añadir al nombre del niño el nombre más común utilizado por el padre, más el nombre de la madre, multiplicarlo por dos, hacer la raíz cúbica con el nombre del abuelo, lanzar un dado de doce caras y sumarle los dígitos de la fecha de nacimiento para escoger un nombre que empiece por la letra que ocupe el lugar correspondiente en el abecedario. La mayoría de gente se harta en mitad del proceso y acaban poniendo Fátima o Muhammad”, nos explica mientras sorbe una lata de Monster sin perder la vista el viejo televisor de tubo en el que retransmiten un partido de criquet. "Es como el beisbol, pero mejor, porque juegan agachados", dice.

"Por muy molesta que sea una moda, siempre se acaba imponiendo"

Sea como sea, el negocio de Khalid va viento en popa. "Al principio los clientes desconfiaban pero, igual que con los pantalones de pitillo, por muy molesta que sea una moda, se acaba imponiendo”, afirma. El rebranding de su negocio ha multiplicado por tres sus beneficios. Pronto abrirá una nueva franquicia en París. El barrio pierde un tradicional badulaque con encanto, pero a cambio, ha ganado un nuevo negocio pretencioso, alienante y ridículamente caro.

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