Soltero reduce la hambruna mundial en un 20% tras donar los tuppers de su madre

"Necesitaba descongelar la nevera y algo tenía que hacer con tanta croqueta", comenta el filántropo treintañero.

Escuin

5 diciembre 2016
Congelador 04 de diciembre de 2016 23:30

Cuando cada domingo Martín visitaba a sus padres una retahíla de tradiciones se perpetuaban sin mayor importancia: llegar tarde, escuchar la bronca de su madre sobre su pelo, comer aguantando las miradas de desaprobación de su padre y largarse con una mochila llena de tuppers para congelar. Lo que nunca hizo Martín fue contabilizar la cantidad de comida acumulada durante años.

“Este invierno decidí limpiar un poco la nevera. La parte superior fue fácil. Con tirar el limón pocho y la coca cola abierta que el gremio de treintañeros solteros exige como estándar, fue suficiente. Pero en el congelador la cosa se complicó”.

“No sé si mi madre quiere convertirme en un obeso mórbido a base de croquetas, o cree que comparto piso con el equipo entero de los Denver Broncos, pero aquella cantidad de comida no era normal”.

Después de percatarse que, incluso en caso que la Tierra sufirera 8 holocaustos nucleares seguidos, Martín tendría croquetas para varios años, decidió donarlas a la ONU. Este gesto ha permitido terminar con el hambre en Angola, Mozambique, el Congo y todavía han sobrado varios tuppers para repartir en las diferentes embajadas.

El único problema es que, con la sequía generalizada, ingerir tremendo mazacote de bechamel provocará conflictos y luchas tribales por el agua.

De nuevo, un occidental con buena fe termina jodiendo las cosas. ¡Maldito seas Martín!