Una familia lleva desde finales del s.XIX atrapada en una retención de la 'Operación retorno'

Sobreviven bebiendo su propia orina y no han visto a España ganar el Mundial

Modgi

17 abril 2017
atasco 17 de abril de 2017 20:26

"¿Papá, cuánto falta? " es la pregunta que lleva atormentado a Alejandro Royo III durante toda su vida. Y es que si la vuelta de las vacaciones de Semana Santa acostumbra a ser dura, con sus peajes, sus veo-veo qué-ves y sus “te digo yo que esta rotonda antes no estaba aquí”, más lo ha sido en la familia Royo, para los cuales se ha convertido en su estilo de vida.

Su coche, un elegante carruaje de berlina acristalada y acabados en roble viejo, llamó la atención de unos agentes de policía que se encontraban patrullando la AP-7.

«Más allá del hecho de vislumbrar un carruaje circulando por la autopista, lo que nos inquietó fue que estuviera tirado por caballos en estado de descomposición». - nos confiesa uno de los agentes.

Alejandro Royo I, herrero de profesión y abuelo del actual conductor, partió del pueblo un domingo 7 de Abril a las siete de la tarde. Era la operación retorno de la Semana Santa de 1888. Él quería salir antes para ahorrarse la caravana, pero los críos se lo estaban pasando muy bien y su mujer le convenció para que retrasara la partida. Ignoraban que aquella indulgencia de apariencia inofensiva acababa de condenarles a quedar atrapados en la caravana para siempre.

Desde entonces, cuatro generaciones de los Royo han vivido en la carretera, alimentándose de mosquitos y bebiendo lo que ellos llaman “el té del cuerpo”.

Alejandro no quiso dejar pasar la oportunidad de comunicarnos sus sensaciones: «Mis hijos han nacido aquí, yo mismo fui concebido en este carruaje por mis padrermanos, ya no tengo tan claro que quiera llegar a la ciudad, me sentiría vacío. Además, no sé qué le pasa al coche que no tira». - sentenció clavando la mirada en sus caballos muertos.

Los científicos atribuyen el atasco de los Royo a una combinación fatal en las variables de la famosa paradoja matemática del “efecto carril”.

Según éste, la velocidad del carril ocupado por un conductor tiende a cero. De igual forma, la frecuencia de cambio de carril aumenta la posibilidad de que la tendencia en el nuevo carril sea también cero, a lo que habría que sumar el retraso acumulado en la maniobra.

Total, que los Royo fueron de listos y se equivocaron de carril 7.984.592 veces consecutivas. «Para las próximas vacaciones – se despedía Alejandro – me gustaría llevar a los críos a un lugar del que me han hablado. Se llama Prusia. ¿Lo conocen?»