El año que mentimos peligrosamente

Pascual Serrano

27 diciembre 2016

“El papa Francisco emitió un comunicado de apoyo a Donald Trump”, “Aparecen pruebas de que Barack Obama nació en Kenia”, “La candidata demócrata contrató a un sicario para que matara a un oficial del FBI”, “El ex presidente Bill Clinton mantiene una relación romántica con Yoko Ono”. Esas y otras noticias falsas saturaron Facebook durante la campaña electoral en los Estados Unidos, hasta el punto de que superaron a las verdaderas.

2016 se ha caracterizado por la eclosión de mentiras en las redes sociales que han triunfado entre la población e incluso han saltado a los medios tradicionales.

En España, fue mediante vídeos de Youtube como triunfó el falso teléfono móvil extremeño con el logo de la bellota, que sencillamente era un aparato chino con el precio multiplicado. En Twitter no dejan de difundirse imágenes falsas de bombardeos, de disturbios o de manifestaciones, siempre al servicio de un determinado bando. Como alguien dijo, internet es un basurero donde hay algunos diamantes. El problema es que buscar en los basureros suele ser agotador y terminas muy sucio. El abaratamiento de la cobertura informativa gracias a las redes, la desaparición de enviados y corresponsales para ahorrar gastos y la urgencia informativo han provocado que toda esa basura informativa falsa termine en los medios tradicionales, donde la investigación y el contraste ha desaparecido.

Los medios dicen que el padre de Nadia nos engañó con la enfermedad de su hija, pero no es verdad, nos engañaron los medios que nos presentaron la historia como verdadera.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha pedido a compañías como Facebook o Google medidas más efectivas contra las manipulaciones. "Vamos a controlar con rigor cómo se implementan. Es algo que va en su propio interés porque la credibilidad es su activo más importante", señaló en una entrevista al grupo de medios alemán Funke. De este modo se sumó al coro de voces que reclama a redes sociales y distribuidores de contenidos una acción más contundente contra las mentiras que inundan Internet. La difusión de noticias falsas se ha convertido en una preocupación global. El Papa Francisco comparó su consumo con comer heces y la excandidata demócrata Hillary Clinton, víctima de numerosos bulos durante su campaña a la presidencia de EEUU, advirtió de que este tipo de informaciones pueden incluso poner en peligro vidas.

zuckerberg

No es casual que el vocablo Postverdad haya sido proclamado palabra internacional del año por Oxford Dictionaries, la sociedad que edita el Diccionario de Oxford. Una elección que el editor ha dicho "refleja un año definido por el discurso político emotivo". Postverdad ha sido definida como una palabra que "denota circunstancias en las que los hechos son menos influyentes sobre la opinión pública que las emociones o las creencias personales".

No es que Posverdad sea sinónimo de mentira, pero se acerca en la medida en que supone que la verdad se convierte en un elemento secundario e innecesario frente a la intencionalidad emocional.

En realidad, lo único que ha sucedido es que con las redes sociales y las nuevas tecnologías hemos democratizado la desinformación, los bulos y las patrañas. Hasta ahora los grandes medios, los gobernantes y los grandes poderes económicos, tenían el poder exclusivo de la difusión masiva de mentiras. Nosotros solo nos hemos contagiado de la misma impunidad y falta de escrúpulos. Quizás ahora sí les interese poner coto al engaño y al embuste al observar que su uso se ha popularizado.