La investiblanda

Carlo Frabetti

17 agosto 2016

En las obras de teatro, a la hora de planificar los ensayos y para que los actores y las actrices entren en situación, los distintos actos se definen por sus “intentos”, sean manifiestos o latentes. ¿Qué intenta conseguir el protagonista? ¿Qué ha de hacer para conseguirlo? ¿Qué hará el antagonista para impedírselo?

La política española se parece más a un circo que a una obra de teatro; pero puesto que hay un argumento, unos personajes e incluso un apuntador (o varios), podemos aplicarle el análisis intentual (¿intentario, intentivo?).

Es normal que Rajoy y el PP en bloque intenten convencernos de que lo peor que puede pasarles a los españoles (a las españolas nunca las mencionan, por si acaso) es tener que ir a unas terceras elecciones, por lo que todos deberían renunciar a sus intereses partidistas y dar prioridad a la inmediata gobernabilidad de España (es decir, a los intereses del PP, que más que un partido es una unidad de destino en lo universal). Es normal que una banda de corruptos y genocidas que apoyaron la invasión de Iraq intenten convencernos de que es mejor un gobierno de corruptos y genocidas que un desgobierno prolongado. Lo que no es tan normal es que otros actores y espectadores del circo político secunden ese discurso. ¿Por qué tantos politicastros en la reserva, tantos opinadores profesionales y tantos medios de comunicación insisten machaconamente en que la investidura, cualquier investidura, es la prioridad absoluta, el requisito indispensable para estabilizar nuestra economía, nuestra democracia inorgánica, nuestra credibilidad internacional y nuestra tortilla de patatas?

El análisis intentual (¿intentoso, intentero?) puede darnos la respuesta, siempre que tengamos claro quién es el protagonista de la farsa que se está representando en nuestro destartalado escenario político. Porque si pensamos que el protagonista es Rajoy y que los antagonistas son Sánchez e Iglesias, nos equivocaremos de medio a medio y no entenderemos nada (o casi nada: solo entenderemos a Rivera, que es el único que posa desnudo). El verdadero protagonista de esta farsa es el sistema, o sea, el capitalismo salvaje, y su “intento” básico no es otro que el de perpetuarse lo más salvajemente posible. Y como la mayoría de los medios de comunicación y de los opinadores profesionales están al servicio de los grandes depredadores y de los oscuros buitres del capitalismo más salvaje, apoyan este intento básico por activa o por pasiva, con promesas o con amenazas, abiertamente o como quien no quiere la cosa…

¿Y el antagonista? El verdadero antagonista, hoy sin apenas representación parlamentaria, no sale en la foto. El verdadero antagonista es la clase trabajadora y sus organizaciones de base, el feminismo radical, el antiespecismo, el independentismo socialista y antipatriarcal… El título de la farsa que a todas horas vemos en la tele es Investidura; pero el título del drama real que se desarrolla en las calles, en las asambleas y en los lugares de trabajo es -sigue siendo- Lucha de clases.