Los putos amos de las tarjetas black

Eduardo Garzón

13 octubre 2016

Si nunca os habéis gastado de una sola vez 3.547 euros en bebidas alcohólicas es porque sois unos blandos bebiendo. Si nunca habéis contratado un solo viaje por 13.148 euros es que sois unos aburridos. Si nunca os habéis gastado 284,14 euros en helados a lo largo de un mes es que vuestro paladar es muy tiquismiquis con el frío. Si no os habéis gastado de golpe 7.955 euros en joyas es porque debéis de ser alérgicos a los metales preciosos.

Si nunca os habéis gastado 9.500 euros de una sola vez en ropa es porque sois unos cutres vistiendo. Si nunca habéis sacado 600 euros en efectivo cada semana del cajero es porque sois unos tiesos. Y si encima en vuestras tristes transacciones habéis declarado a Hacienda la pordiosera renta que utilizabais es que sois unos palurdos.

Esto es lo que deberán estar pensando muchos de los antiguos directivos de Caja Madrid y Bankia del resto de mortales porque es lo que estuvieron haciendo desde hace más de 10 años de una forma tan natural como el que saca la basura de casa.

Lo mejor de todo es la defensa que están utilizando los acusados en los juicios correspondientes: unos, los que menos gastos suntuosos realizaron, pueden permitirse el “lujo” de afirmar que todos esos gastos eran de representación por su labor como directivo. Claro, lo típico que para representar a una caja de ahorros necesitas pimplarte decenas de miles de euros en viajes y en restaurantes de unos cuantos tenedores, vaya a ser que la entidad bancaria entre en quiebra si no viajas en primera clase o si el menú de día está soso. A estar personas tampoco les resulta fácil explicar por qué esas tarjetas se siguieron usando una vez abandonaban el puesto de responsabilidad. ¿Se trataría de representación retrospectiva? ¿Viajarían al pasado estas personas a través de alguna puerta del tiempo que desconocemos los mortales? Dudas que quizás nunca podamos resolver.

Por otro lado, los que se han pegado unas juergas de aúpa y comprado productos de lujo gracias a estas tarjetas no tienen más remedio que decir que ese utensilio era parte de su salario y que podían hacer con ese dinero lo que les diese la gana. Claro que ni esta versión ni la anterior es capaz de explicar por qué esa cuantía no aparecía en su nómina ni por qué esos gastos no computaban a efectos de pagar impuestos.

Ellos dicen que no eran conscientes. Es decir, venían a reconocer que estaban en la inopia y no se enteraban de que estaban defraudando a Hacienda. Su incompetencia podría llegar a darnos lástima e incluso ternura si no fuese porque muchos de ellos son inspectores de Hacienda (como Blesa), y otros han ostentado cargos de responsabilidad institucional (como Rodrigo Rato de ministro de Economía y de presidente del Fondo Monetario Internacional) cuyas decisiones afectan de forma importante a nuestras vidas.

Casualidades de la vida, el antiguo Secretario General de Caja Madrid se refirió en un correo electrónico a estas tarjetas supuestamente legales como “tarjetas black a efectos fiscales”. Vaya, vaya, qué coincidencia. El propio ex secretario general ha alegado que era una forma coloquial de hablar, que no quería hacer referencia a dinero negro. Claro, claro, como todo el mundo sabe cuando uno dice “black a efectos fiscales” en realidad se está refiriendo a salchichas con ketchup. Qué mal pensados somos todos.

Fuesen tarjetas para gastos de representación o para complementar el salario, ya es casualidad que sus usuarios pidiesen normalmente un incremento del límite de gasto de la tarjeta en navidades o verano. Como todo el mundo sabe se representa mejor a una empresa haciendo negocios con otros interesados justo cuando casi todo el mundo está de vacaciones. Además, pides que el límite máximo llegue a 240.000 euros para ello porque a ver si se cree alguien que uno puede representar adecuadamente a una empresa con calderilla.

Pero de esto Rodrigo sabe un Rato: cuando la ley estatal limitó en 2012 los sueldos de los directivos de las entidades bancarias ayudadas con dinero público a 600.000 euros al año (migajas impropias para un sueldo digno), y personas como él dejaron de poder cobrar sueldos anuales de unos 2,3 millones de euros (un nivel en torno al salario mínimo), dio la orden para complementar los salarios con nuevas tarjetas blacks para que nadie se viese privado de sus necesidades básicas.

Si ya utilizar una entidad que ha recibido ayudas públicas astronómicas para crearte unas tarjetas ilegales y sufragar tus gastos de lujo está un poco feo, no digamos intentar sacar a flote la empresa estafando a 200.000 ahorradores con pocas nociones de finanzas en general.

Pero bueno, parece que a Rato y a su gente le sobra de todo menos escrúpulos y decencia. Porque hasta tienen la osadía de ofenderse no sólo porque los medios han violado su intimidad al publicar los gastos en los que incurrieron (estos medios de hoy no tienen vergüenza) sino también porque muchos de estos preferentistas estafados hayan ido a manifestarse delante de la Audiencia Nacional y a abuchearlos al grito de chorizos y ladrones. Habrá que pedirles perdón por no haberles recibido con una alfombra roja y pétalos de flores.

Aunque a algunos no hace falta recibirlos con honores porque ellos mismos se sienten como en casa, como demostró el antiguo jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, al entrar y sentarse en la sala donde se juzgaban a los acusados por la trama Gürtel a pesar de que él estaba acusado por las tarjetas black. Un despiste que puede tener cualquiera especialmente cuando estás como en familia te sientes con quien te sientes en el banquillo de los acusados por delitos de corrupción.