Mejor Trump y Bin Laden que Marx y Lenin

Pascual Serrano

15 noviembre 2016

En Estados Unidos gana las elecciones presidenciales Donald Trump, el candidato racista apoyado por el Ku Klux Klan. El mundo no sale de su asombro, no estaba previsto algo parecido. En los países de Oriente el fundamentalismo religioso no deja de ganar apoyos, algo que tampoco era predecible. Hubo un tiempo en que el espectro geopolítico se dividía entre socialismo y capitalismo, entre izquierda y derecha. Pero cayó el muro de Berlín y vino el fin de la historia (decían).

El capitalismo, y su versión globalizada de neoliberalismo, se proclamaba victorioso y comenzaba la misión de erradicar cualquier atisbo de comunitarismo, conciencia de clase, sindicalismo, movimiento obrero, lucha contra la explotación... Todo fuera, llega un tiempo nuevo, ahora solo nos ocupamos de palabras bonitas como emprendedores, competitividad, economía emergente, deslocalización, flexibilidad laboral, impermeabilización de fronteras, libre comercio...

El problema es que, a pesar de la seducción de esas palabras, el hambre aumenta, arrasa en regiones de África y Asia, crecen las bolsas de pobreza en el Tercer Mundo, la Europa poscomunista cada vez está más arrasada. No es verdad tampoco que Estados Unidos haya salido de la crisis, y de eso se ha aprovechado Trump, como antes lo hizo Bin Laden. Pero lo importante es que no vuelva aquello de comunismo, proletariado y lucha de clases, que no vuelvan Marx y Lenin. Los sindicatos se amarillean y se dedican a gestionar apartamentos para las vacaciones de verano y negociar otro despacho, otra línea de teléfono y otro liberado; y si combate más se le criminaliza.

Mejor Trump y Bin Laden que Marx y Lenin

En el Tercer Mundo a los sindicalistas directamente se les mata o encarcela. Los medios siguen satanizando todo lo que huela a izquierda o comunitario, y lo consiguen. Las elecciones se organizan bien para que sigan ganando los mismos (en España sabemos mucho): comisiones ilegales para los gobernantes y sus partidos, dinero negro para las campañas, leyes electorales injustas, que no voten ni inmigrantes ni emigrantes, represión de la movilización social de izquierda. En Occidente convencen de que el enemigo es el terrorista de Oriente, en Oriente de que el enemigo es el infiel de Occidente.

La indignación y el encabronamiento crece. El odio hacia los gobernantes va aumentando con toda razón. Los indignados de Oriente se reúnen en las mezquitas (recordemos que los sindicatos están prohibidos y los sindicalistas encarcelados): Egipto, Palestina, Afganistán, Argelia, Marruecos... El Islam les ilumina. Los cabreados de Estados Unidos, que han llevado a Trump a la presidencia, ven a los pobres de diferente color como enemigos y patrullan la frontera con México persiguiendo latinos.

En Europa los gobiernos elegidos levantan alambradas, encarcelan emigrantes y persiguen refugiados. Para los poderosos (gobernantes, grandes medios, financieros...) lo importante, repito, es que no venga nada que sugiera socialismo, proletariado, solidaridad de clase o nacionalizaciones. Lo están consiguiendo. A los encabronados solo les dejan ser islamistas o nazis. Quizá porque los ricos y poderosos del capitalismo no se llevan mal con esas ideologías.