Pesadilla Navideña

Carlos Tena

31 agosto 2016

Confieso que es la primera vez en el siglo XXI que he padecido una pesadilla tan terrible. Una “de esas que se muerden la cola”, que diría el añorado Tip, para puntualizar a los dos segundos: “Eso no es un mal sueño, es una orgía”.

Estaba yo sentado en una duna, mirando la estrella que guiaría a los Reyes Magos de Oriente Medio, cuando un formidable latigazo de luz proyectó sobre el cielo la mala nueva: “Habrá elecciones el día de Navidad”.

Sentí que las blasfemias acudían a mi boca, en tanta cantidad como los granos de la arena del desierto que se colaban en la jícara donde atesoraba la poca agua de que disponía.

—¿Pero no iban a recortar la campaña electoral, para que no coincidieran los comicios con esta fecha tan emotiva? —me preguntaba una lavandera, cerca del portal de Belén, mientras enjabonaba miles de euros para Rita Barberá.

Respondí moviendo la cabeza de izquierda a derecha, como hacemos los rojos, hasta que alcé la voz:

—¡Mecagüen las virutas de la carpintería de Pepe, el marido putativo de la Virgen Macarena!

La esmerada profesional del lavado me miró con evidente encono, mientras llovían desde el cielo lamentos que parecían provenir de los Reyes de la Banca, el Parlamento Europeo, el FMI, el Palacio de la Zarzuela, incluso de Donald Trump llamando “Moderfaquer” a Mariano Rajoy.

Me encontré clavado ante dos Belenes. El organizado por el presidencialmente desvestido y el que aguardaba la venida del Salvador del Capitalismo.

Algunos pastores, agrupados en una paraje cercano, vigilaban atentamente a sus ovejas y carneros, ante el paso de un carruaje dorado en el que viajaba Mario Conde, abrazado al exdirector de la cárcel de Alcalá-Meco.

Tenía los nervios a flor de chilaba. El Mesías tenía que nacer por huevos aquella noche preelectoral y no se habían enterado ni Melchor, ni Gaspar, ni Baltasar, porque la estrella que les iba a señalar el lugar sagrado, fue directamente al pesebre donde, en unos minutos, vería la primera luz el Brian de Monte Python.

Un centurión romano con cara de mala leche amenazaba a una contrita Dolores de Cospedal, que repartía propaganda del PP, en tanto cientos de podemitas denunciaban el hecho a través del Guasap, con miles de mensajes dirigidos a la Junta Electoral.

De repente, una guitarra cayó del cielo y se posó con suavidad en mi duna. En el mástil traía un mensaje: “Canta un villancico y las urnas se romperán como por arte de magia”.

Así que, ni corto ni perezoso, después de varios tragos de vino divino, me dispuse a remozar uno de los más conocidos.

A pesar de la angustia de las elecciones, en mitad de Belén y a pocas horas del día de Navidad, se me ocurrieron unas aleluyas que fueron recibidas con murmullos aprobatorios, refunfuños, además de algunos balidos, mugidos y un lejano berrido.

Tomé la guitarra, repartí panderetas, zambombas y nos dispusimos a amargarle las elecciones al Mariano, cantando a coro y a pleno pulmón:

En el portal de Belén
No hay ninguna investidura,
y se jodió, pero bien,
el pepero caradura…

¡Qué Marimorena,
con las elecciones!
Prefiero erecciones
en la Nochebuena…

Hasta el portal de Belén
Han llegado socialistas
Pidiendo a los ciudadanos
que se pasen a sus listas.

Guarda los turrones,
¡Qué Marimorena!…
No quiero elecciones
Y hoy es Nochebuena…

La Virgen y San José
Votarán a Pablo Iglesias
Y a la gente del PP
Le ha entrado la catalepsia…

POSTDATA.- Cuando creía que las urnas ya habían estallado en mil pedazos y las elecciones habían sido suspendidas, llegó un tipo mal encarado que decía era inspector de la SGAE, para comunicarme que la letra de esta nueva versión del villancico no gozaría de los permisos pertinentes para su ejecución pública y/o registro sonoro, si antes no se firmaba un acuerdo con dicha entidad, para que el 50% de los beneficios que generase, pasaran a manos de un tal Bautista.

La blasfemia que solté al despertar aún resuena en mi calle: “¡Mecagüen los muertos del que me puso LSD en el cubata!”