Terroristas aquí, rebeldes allá

Pascual Serrano

20 agosto 2016

“Los rebeldes cercan los barrios de Alepo controlados por Al Assad” titula el diario ABC el 8 de agosto. “Los rebeldes sirios reanudan su ofensiva contra dos bastiones militares en el oeste y el sur de Alepo”, dice Europa Press el 14 de este mes.

Hace falta leer algo más en las noticias para darse cuenta de que esos “rebeldes” son los yihadistas de Al Qaeda. La noticia de ABC señala que “los insurgentes, liderados por Al Qaida, pasan de estar sitiados a ser sitiadores” y que tras la toma de Ramousa por los rebeldes, una pintada fue tachada y sustituida por otra: “No hay más Dios que Alá”. Por su parte, Europa Press lo omite la vinculación yihadista de los combatientes, nos quedamos solo con la idea de que los rebeldes han relanzado su ofensiva “en dos bastiones del oeste y el sur del país en manos de los militares” sirios y que “los insurgentes han comenzado con la detonación de varios coches bomba en el barrio de Jamiat al Zahraa”.

Es evidente que tras los atentados de Nueva York o de Atocha a ningún medio occidental se le hubiera ocurrido calificarlo de “ofensiva de rebeldes” o “detonación de artefactos por insurgentes”. En nuestra prensa las acciones de Al Qaeda son atentados terroristas y sus ejecutores, lógicamente, terroristas y no rebeldes.

Parte del motivo de ese doble rasero la encontramos en una noticia de Público: “Americanos, saudíes y cataríes envían ayuda militar masiva a los yihadistas de Alepo”. Ahí se explica que “los distintos grupos rebeldes que combaten en Alepo se han aliado en la coalición Ejército de la Conquista (Yaish al Fatah), que está integrado casi totalmente por yihadistas que cuentan con el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Catar y Turquía”. Efectivamente, los de Al Qaeda y Daesh de Siria son los socios de Occidente y la OTAN. Y entonces dejan automáticamente de ser terroristas.

El uso -y abuso- del término “terrorismo” por parte de los medios es uno de los ejemplos más elocuentes de la desvergüenza con la que el periodismo moderno opera en su cruzada de manipulación. Los actores geopolíticos serán terroristas o no en función de los intereses ocultos tras el medio de comunicación. Nelson Mandela fue considerado un terrorista tanto por el régimen sudafricano como por la ONU. Y hasta 2008 figuró en la lista de vigilancia terrorista de EE.UU. y necesitó de un permiso especial del secretario de Estado para visitar el país. Derrumbado el régimen de apartheid de Sudáfrica, que tanto defendieron las potencias occidentales, el mejor lavado de cara y ocultamiento de la complicidad era nombrar a Mandela premio Nobel de la Paz y homenajearlo.

Igualmente, durante la guerra fría, los guerrilleros mujaidines en Afganistán, entre cuyas filas estaba Osama Bin Laden, eran calificados de "héroes luchadores por la libertad" por su labor en la guerra contra la Unión Soviética. En 1985, apadrinados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia, el entonces presidente Ronald Reagan los invitó a la Casa Blanca. El presidente afirmó que "los mujaidines afganos son el equivalente moral de los próceres de Estados Unidos".

En los años treinta, las fuerzas clandestinas judías en Palestina eran consideradas como una organización "terrorista", y se ofrecían recompensas de cien mil libras esterlinas por la captura de Menachem Begin, hombre que más tarde fue el primer ministro electo de Israel. Años más tarde, cuando los poderosos crearon el estado de Israel, los terroristas pasaron a ser los palestinos, en especial la OLP. Sin embargo, cuando se iniciaron los diálogos palestino-israelíes, el líder de la OLP, Yaser Arafat, pasó de ser terrorista a ser el líder internacional más veces recibido por el presidente Bill Clinton.

Tampoco olvidemos que George Washington y sus tropas fueron considerados "terroristas" por el imperio británico. Calificación similar a la que tenían de Gandhi.

Asimismo, el elegido presidente de Timor Oriental hasta 2007, Xanana Gusmao, fue hasta 2002 un terrorista separatista a ojos de las potencias occidentales amigas del dictador indonesio Suharto, potencia ocupante de Timor.

En los tiempos actuales, más audiovisuales, cuantas menos palabras mejor. Para ello basta con difundir una foto emotiva y así la audiencia llega a la conclusión que los medios desean sobre quién es el malo. Si en Siria hay bombardeos de Rusia y el ejército contra las ciudades controladas por Daesh y Al Qaeda, publicas una foto de un niño herido en esos bombardeos y el público iletrado ya sabe quiénes son los malos. ¿Se han parado a pensar que niños similares pudo haber a cientos en el Berlín bombardeado por los aliados para acabar con Hitler? En la guerra de Yugoslavia si el medio quería presentar como criminales a los serbios bastaba con enviar al fotógrafo a recoger imágenes de viudas y huérfanos bosnios o kosovares. Si, por el contrario, querían convencer de que los buenos eran los separatistas, bastaba con difundir la tragedia de los huérfanos y viudas serbias. Todo menos explicar los conflictos.

Omran

Ya dijo el intelectual pacifista pakistáni Eqbal Ahmad que "el terrorista de ayer es el héroe de hoy, y el héroe de ayer se convierte en el terrorista de hoy". El cinismo parece que todavía puede ser mayor porque ahora, el mismo día, el terrorista de Nueva York, París o Madrid es el rebelde de Siria.