Viñetas

Por

Víctor Lloret

La sentencia de Hasél: una guía práctica de la (in)justicia española (PARTE 2)

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La sentencia de Hasél: una guía práctica de la (in)justicia española (PARTE 2)

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Víctor Lloret

"Este reportaje fue publicado originalmente en el periódico digital Catalunya Diari. Aunque en nuestra web no solemos dedicar espacio a piezas de tipo periodístico, consideramos que esta podría ser de interés para nuestros lectores y para cualquier persona con un mínimo de interés en la libertad de expresión. Por este motivo, hemos decidido publicarlo, contando para la traducción con su mismo autor"

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En el artículo anterior, dejamos a Pablo Rivadulla, de nombre artístico Pablo Hasél, y de nombre jurídico Pedro Antonio, con una sentencia revisada que consideraba que la única manera de curarle las ganas de hacer tweets mencionando a terroristas difuntos sería que pasase nueve meses en la cárcel.

Porque es bien sabido que nada te hará querer más las instituciones de un estado que conocer las penitenciarias.

Sorprendentemente, Pablo no estaba entusiasmado con este horizonte de redención que le había preparado el estado, y recurrió a la sentencia. Como habréis notado, aquí el debate está en la definición de qué es y qué no es “enaltecimiento del terrorismo”. Para entender la visión de los magistrados, tenemos que hacer una parada técnica en el Código Penal, que nos dice que este delito consiste en:

“El enaltecimiento o la justificación públicos de los delitos de terrorismo o de quienes hayan participado en su ejecución”

Pero, atención, también formarían parte de este delito los actos “que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares”.

A efectos de Pedro Antonio, esta parrafada se traduce en una conclusión muy simple: si los magistrados aprecian que en sus tweets ha hablado positivamente de un terrorista o ha dicho algo que una víctima del terrorismo puede considerar humillación o menosprecio, ya puede ir preparando el neceser.

Para rechazar la instancia que ha presentado el abogado del rapero, el tribunal se limita a repetir que ha encontrado tweets en los que este habla en términos positivos de personas que fueron condenadas por delitos de terrorismo, y que eso es, por tanto, delito de enaltecimiento. Esta doctrina es exactamente igual de válida si el que murió de muerte violenta fue un comisario torturador durante el franquismo.

Curiosamente, no sería aplicable si habláramos en términos igual de elogiosos del comisario en cuestión.

Pero el tribunal tiene un problema, y es que esta persecución de cualquier elogio de la violencia como metodología de cambio político va en contra de la libertad de expresión y de opinión. ¿Cómo se soluciona este problema? Muy fácil.

Según los magistrados, la libertad de expresión y de opinión son importantes, pero ellos consideran que deben tener presente “el respeto al otro”

Y lo más importante a tener en cuenta es que los tweets de un rapero leridano, que tendría unos cientos de seguidores si no lo hubiese lanzado a la fama la propia justicia, pueden ser un factor que:

“alimente un clima favorable a su reproducción [del terrorismo] o se constituya en germen, remoto pero real, de nuevas acciones de esa naturaleza, acciones que cuartean los pilares del Estado de derecho”

En otras palabras, que los pilares del estado español podrían hundirse porque un chaval escriba un tweet diciendo que un miembro de los GRAPO fue “asesinado por la policía por defender nuestros derechos”.

Que te dices a ti mismo: pues qué pilares más débiles tiene. Sobre todo si tenemos en cuenta que “Pedro Miguel” fue realmente asesinado por la policía, tal y como veréis si ponéis su nombre real, Juan Martin Luna, en Google. Va, ya os lo busco yo. Titular de El País:

“Los tres policías que mataron a tiros al 'grapo' Martín Luna, condenados a seis meses de prisión por homicidio”

Seguidamente, la sentencia nos dice que las palabras de Hasél son un refuerzo para acciones criminales muy graves, y que suponen otra manifestación “muy notoria” de una vía que generará terror colectivo para poder avanzar los objetivos de los terroristas, que luego veremos cuáles son.

En una teoría que se desarrollará más tarde, la sentencia nos dice que no busca prohibir el elogio o la defensa de ciertas ideas políticas, ni las opiniones sobre hechos históricos o de actualidad. Lo que busca perseguir son las:

“conductas especialmente perversas de quienes calumnian o humillan a las víctimas al tiempo que incrementan el horror de sus familiares. Actos todos ellos que producen perplejidad e indignación en la sociedad y que merecen un claro reproche penal”

Podríamos discutir sobre si las víctimas del terrorismo deberían tener un papel tan destacado en un ámbito que debería ser racional y no emocional, pero incluso dando la razón a los jueces en esto, y usando su propia lista de tweets del cantante, no he encontrado ninguno que parezca hecho con el ánimo de ofender a una víctima.

La única manera de creer lo contrario sería considerar a la policía o las fuerzas del orden como un colectivo social, y que cualquier crítica a su actuación fuese un ataque a un policía víctima del terrorismo. Que sería igual que decir que si un maestro murió en un atentado terrorista, los tweets de Hasél insultando a cualquier profesor son una ofensa a las víctimas.

Pero ojo: ni siquiera la sentencia se atreve a hacer esta afirmación.

Volviendo al tema ideológico, lo que sí que parece sugerir la sentencia es que el terrorismo es una ideología en sí misma. Que no es que Hasél sea comunista y republicano: Hasél lo que quiere es terror. Un reino de terror. Para la Audiencia Nacional, esta ideología se basa en:

"el exterminio del distinto, en la intolerancia más absoluta, en la pérdida del pluralismo político y, en definitiva, en generar un terror colectivo que sea el medio con el que conseguir esas finalidades"

Una definición que, curiosamente, se ajusta como un guante a la subida al poder y al modus operandi del franquismo. Esto lo digo yo, evidentemente, no los jueces. Ellos consideran que están haciendo un trabajo de contención, parando la marea de terror que el rap de Hasél estaba conjurando. La Audiencia Nacional cree que estos tweets van “más allá de la mera expresión emotiva”, y que buscan “incitar a que se apoye y ayude a los que cometen actos de terrorismo.”

Si antes no he encontrado ningún tweet que pudiese ser considerado como exaltación, lo más parecido a una exhortación a cometer actos terroristas que ha escrito Hasél sería esto:

“Las manifestaciones son necesarias pero no suficientes, apoyemos a quienes han ido más allá”

No acaba de ser la fórmula mágica para hacerte coger las armas, pero en algún sitio debe estar viendo el tribunal un mensaje dirigido a incitar a “la comisión de delitos de terrorismo” y a obtener “apoyo para causas terroristas o de intimidar gravemente a la población.”

Si antes hemos visto cómo las palabras de la sentencia delataban el miedo a la poca solidez de los pilares del estado, ahora vemos este miedo enfocado hacia afuera, hacia el acusado, un líder de opinión que:

“pretende justificar cierto tipo de terrorismo, aleccionando en su ‘bondad’ a sus seguidores, con la intención de conseguir que alguno de ellos retome y vivifique el pasado terrorista que ensalza como ejemplo”

Según los magistrados, esto pone a la sociedad ante el riesgo de que “nuevamente, pueda someterse a determinados colectivos a su azote”. De hecho, consideran que hay un “elevado riesgo real de que alguno de los múltiples seguidores en las redes sociales del acusado los intente repetir.”

Para cerrar esta segunda (y penúltima) parte, me gustaría destacar tres cosas.

Como usuario habitual de Twitter, me maravilla esta idea de la conexión hipnótica con unos followers zombies. Pero aún me gusta más la paradoja de que haya sido la propia justicia quien se los ha proporcionado. Y por último: si tan convencidos están de su propio relato sobre la peligrosidad de Pedro Antonio el Reactivador del Terrorismo, ¿no sería mejor encerrarlo nueve años, y no nueve meses?

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